Errores frecuentes del psicólogo entrevistador en Cámara Gesell: análisis técnico y repercusiones forenses en el contexto peruano

Los errores del entrevistador en Cámara Gesell pueden distorsionar el testimonio infantil y comprometer la validez pericial. Este artículo analiza los fallos más frecuentes, su impacto forense y la importancia de una entrevista técnicamente rigurosa dentro del sistema judicial peruano.

La Cámara Gesell es una de las herramientas más importantes dentro del trabajo del psicólogo forense en el Perú, especialmente en casos de abuso sexual, violencia familiar y procesos donde niños, niñas y adolescentes son entrevistados como víctimas o testigos. Su valor radica en que permite obtener un testimonio en condiciones controladas, seguras y técnicamente estructuradas. Sin embargo, la confiabilidad de esa declaración depende, en gran medida, de la calidad del entrevistador. Una entrevista incorrecta no solo compromete la validez del testimonio, sino que también puede afectar el curso del proceso judicial, generar falsos positivos o falsos negativos, e incluso revictimizar al menor.

A pesar de los esfuerzos institucionales por capacitar a los psicólogos, aún persisten errores metodológicos frecuentes que se observan en diversas fiscalías, CEM, UPE y otros espacios donde se practica la entrevista única. Estos errores responden tanto a brechas formativas como a presiones institucionales, desconocimiento técnico del sistema judicial, falta de supervisión y, en ocasiones, confusión entre el rol clínico y el rol forense.

Este artículo examina, con enfoque profesional y técnico, los errores más comunes que cometen los entrevistadores en Cámara Gesell, analizando sus raíces, su impacto psicológico y legal, y la necesidad urgente de fortalecer la práctica forense en el país. No se trata solo de enumerar equivocaciones, sino de comprender cómo se producen y por qué representan un riesgo significativo para la validez de la entrevista y la protección del niño.


Cuerpo del artículo

Errores derivados de la confusión entre el rol clínico y el rol forense

Uno de los problemas más recurrentes en la práctica peruana es la tendencia de algunos psicólogos a ingresar a la Cámara Gesell desde una lógica clínica, centrada en aliviar angustias, interpretar emociones o generar contención. Aunque la sensibilidad es fundamental, la entrevista forense no tiene un propósito terapéutico. Cuando el entrevistador adopta un rol clínico, corre el riesgo de intervenir emocionalmente, reformular el discurso del niño o generar interpretaciones que la justicia podría confundir con hechos objetivos. El lenguaje clínico (“lo que estás sintiendo”, “esa emoción significa que…”) puede contaminar el relato, reforzar interpretaciones del entrevistador y crear sesgos difíciles de corregir en un tribunal.

Este error suele surgir en psicólogos con sólida formación clínica pero insuficiente entrenamiento forense. También responde a la presión emocional de las entrevistas, especialmente cuando el menor llora, se bloquea o presenta disociación. Sin embargo, la neutralidad no implica frialdad: implica responsabilidad profesional. El entrevistador debe proteger emocionalmente al niño, sin alterar el contenido del relato ni ocupar un rol que no es parte de su función en ese contexto.


Errores por uso de preguntas sugestivas y directivas

Una de las fallas más perjudiciales para la validez del testimonio es el uso de preguntas sugestivas, repetitivas, cerradas o cargadas de contenido implícito. Aunque la mayoría de entrevistadores conocen teóricamente la importancia de las preguntas abiertas, bajo presión institucional o por falta de práctica terminan utilizando preguntas como “¿Y él te tocó?”, “¿Eso pasó en tu cuarto, verdad?” o “¿Te dolió cuando ocurrió?”. Estas preguntas no solo contaminan la memoria infantil, sino que pueden inducir al niño a confirmar información que no proviene de su experiencia.

En el Perú, este error suele ser reforzado por expectativas de operadores jurídicos que buscan detalles concretos, tiempos exactos o descripciones adultocéntricas. El psicólogo, al sentir presión para obtener contenido “útil”, puede caer en directivar la entrevista sin ser plenamente consciente de ello. Las investigaciones de Ceci, Bruck y Poole han demostrado que los niños pueden integrar información sugerida como si fuera un recuerdo propio, lo cual convierte a este error en uno de los más graves que un entrevistador puede cometer.


Errores derivados de la falta de manejo del desarrollo infantil

Comprender el nivel de desarrollo cognitivo, lingüístico y emocional del niño es esencial para conducir adecuadamente la entrevista. Sin embargo, algunos entrevistadores asumen que todos los menores poseen capacidades narrativas similares o que pueden responder con precisión a preguntas complejas sobre tiempo, espacio o motivaciones.

Cuando el entrevistador no ajusta su lenguaje al nivel del niño, puede generar confusión, bloqueos o resignación, lo que reduce la espontaneidad del relato. Asimismo, pedir precisión temporal a niños menores de siete años, solicitar explicaciones causales o esperar un discurso adulto en un niño con dificultades lingüísticas son errores que afectan directamente la calidad del testimonio. Estos fallos no solo revelan desconocimiento del desarrollo infantil, sino que también pueden interpretarse erróneamente como indicadores de inverosimilitud, lo cual perjudica gravemente el caso judicial.


Errores relacionados con el manejo emocional del entrevistador

El estado emocional del psicólogo influye significativamente en la calidad de la entrevista. La ansiedad, la prisa, la sobreimplicación emocional o la expectativa de obtener un relato completo pueden conducir a intervenciones inadecuadas. En el Perú, donde el entrevistador suele estar expuesto a un volumen elevado de casos y a situaciones de alto impacto emocional, es frecuente observar tensiones no reguladas que se expresan en el tono de voz, la postura corporal, la velocidad del discurso o la dificultad para tolerar silencios.

El silencio es una herramienta poderosa en la entrevista forense, pero muchos entrevistadores lo viven como un obstáculo que deben romper. La imposibilidad de sostener pausas hace que llenen el vacío con preguntas, explicaciones o comentarios que interfieren en la evocación del recuerdo. Del mismo modo, cuando el profesional responde emocionalmente al relato del niño —con sorpresa, pena o indignación—, puede generar un refuerzo afectivo que contamina la declaración o induce al menor a ajustar su relato para mantener la aprobación del adulto.


Errores metodológicos por falta de estructura en la entrevista

Un error tan común como perjudicial es la ausencia de estructura clara. La entrevista forense debe tener fases definidas: establecimiento del rapport, reglas de conversación, narración libre, profundización y cierre. Sin embargo, algunos entrevistadores improvisan, saltan entre temas, retoman contenido ya explorado, realizan preguntas sin propósito o desordenan la secuencia narrativa. Esta falta de estructura no solo confunde al niño, sino que dificulta analizar la consistencia interna del relato y reduce el valor pericial de la entrevista.

En el Perú, la variabilidad institucional y la falta de estandarización nacional provocan diferencias drásticas entre entrevistas. Algunos profesionales aplican modelos como NICHD, mientras que otros usan estructuras híbridas sin sustento científico. La falta de supervisión y la formación heterogénea incrementan esta brecha metodológica.


Errores derivados de expectativas adultocéntricas y sesgos del entrevistador

En muchas entrevistas se observa la imposición —consciente o inconsciente— de expectativas adultas sobre los relatos infantiles. Esto ocurre cuando el entrevistador espera un nivel de detalle mayor al que la memoria del niño puede ofrecer, cuando interpreta incoherencias como señales de mentira o cuando presupone que el niño debe recordar todo lo ocurrido con exactitud. En otros casos, el profesional proyecta sus propias creencias sobre cómo “debería” comportarse una víctima o cómo se supone que un menor debería narrar un abuso.

Estos sesgos pueden llevar al entrevistador a intervenir para “ordenar” el relato del niño, completarlo, corregirlo o guiarlo. También pueden generar interpretaciones prematuras que afecten la neutralidad del proceso. El riesgo más grave es que estos sesgos se insinúen en el discurso del entrevistador, contaminando la narrativa del menor y comprometiendo el valor probatorio del testimonio.


Errores por presión institucional y judicial

En el sistema peruano, los psicólogos entrevistadores suelen trabajar bajo presión: tiempos reducidos, múltiples casos diarios, necesidad de cumplir plazos fiscales y expectativas de fiscales o abogados que desean detalles concretos. Esta presión lleva a algunos entrevistadores a acelerar la entrevista, insistir en información que el niño no puede ofrecer o cerrar prematuramente un proceso narrativo.

Cuando el psicólogo permite que la urgencia procesal modifique su método, se cometen errores como la sobrepregunta, la directividad, la anticipación de contenido o la búsqueda de confirmaciones. En lo forense, una entrevista realizada correctamente es más valiosa que una entrevista rápida. La Cámara Gesell es un espacio técnico, no un trámite. Ceder a la presión institucional perjudica tanto al niño como al proceso judicial.


Conclusión

Los errores en la entrevista en Cámara Gesell no son fallas menores: son intervenciones que pueden contaminar la memoria del niño, distorsionar su relato y afectar la veracidad procesal del testimonio. Su impacto no solo es psicológico, sino jurídico, pues un testimonio mal obtenido puede definir la libertad de un acusado o la protección de una víctima. En el Perú, donde los casos de violencia y abuso infantil son altamente sensibles, la responsabilidad del psicólogo entrevistador es enorme.

Fortalecer la práctica demanda formación rigurosa, supervisión técnica continua, dominio del desarrollo infantil y compromiso con la neutralidad forense. Solo así la entrevista en Cámara Gesell podrá cumplir su verdadero propósito: proteger al niño, garantizar un testimonio confiable y contribuir a la administración de justicia.


Bibliografía

  • Ceci, S. & Bruck, M. (1995). Jeopardy in the Courtroom: A Scientific Analysis of Children’s Testimony.
  • Poole, D. & Lamb, M. (1998). Investigative Interviews of Children.
  • Ministerio Público del Perú (2022). Lineamientos para la entrevista única en Cámara Gesell.
  • APSAC (2017). Directrices para entrevistas forenses.
  • Pipe, M. (2004). Child forensic interviewing techniques.
  • Melendres, L. (2018). Peritaje psicológico en el sistema judicial peruano.

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