Historia y evolución de la psicología forense en el Perú: desarrollo, desafíos y consolidación de una disciplina en crecimiento

La psicología forense peruana ha recorrido un proceso complejo de evolución. Este artículo analiza su historia, los hitos institucionales, los cambios metodológicos y las transformaciones que han consolidado su rol en el sistema judicial, ofreciendo una mirada rigurosa para profesionales que buscan comprender su desarrollo en profundidad.

La psicología forense en el Perú es una disciplina joven, pero en constante crecimiento y transformación. Aunque su presencia formal en el sistema judicial es relativamente reciente, su historia se entrelaza con diversos momentos políticos, institucionales y sociales que han moldeado la forma en que los psicólogos participan en la administración de justicia. Desde sus primeras apariciones como apoyo clínico en evaluaciones de personalidad hasta su consolidación como disciplina técnica especializada, la psicología forense peruana ha experimentado avances significativos y enfrentado desafíos estructurales que aún hoy continúan configurando su práctica.

En un país donde la criminalidad, la violencia intrafamiliar, el abuso sexual infantil y los conflictos de cuidado parental forman parte de las problemáticas más urgentes, la evolución de la psicología forense cobra relevancia especial. Comprender su historia no solo permite valorar su desarrollo, sino también reflexionar críticamente sobre aquello que aún debe fortalecerse. Este recorrido histórico es indispensable para los psicólogos, jueces, fiscales y estudiantes avanzados que necesitan contextualizar la disciplina para ejercerla con mayor rigor, ética y sentido de responsabilidad profesional.

Este artículo presenta un análisis profundo de la historia de la psicología forense en el Perú, explorando sus orígenes, etapas de crecimiento, hitos institucionales, avances metodológicos y desafíos contemporáneos. La intención es ofrecer una visión clara, académica y estructurada de cómo se ha ido configurando esta especialidad dentro de un sistema judicial en constante cambio. Para los profesionales que ejercen en fiscalías, CEM, juzgados, consultorías privadas o entidades estatales, esta revisión permite comprender por qué la disciplina es hoy tan necesaria y cuáles son los caminos que han marcado su evolución.


Primeras aproximaciones: los antecedentes clínicos y judiciales (década de 1950–1980)

La historia de la psicología forense en el Perú no comienza como una disciplina autónoma, sino como una extensión del trabajo clínico dentro de instituciones que requerían evaluaciones psicológicas con finalidad legal. Las primeras intervenciones psicológicas vinculadas al ámbito judicial se gestaron durante la segunda mitad del siglo XX, principalmente en espacios psiquiátricos, hospitales y servicios sociales donde se solicitaba la participación de psicólogos para evaluar rasgos de personalidad, peligrosidad u orientación vocacional en contextos penitenciarios o educativos.

En ese periodo, el trabajo del psicólogo estaba fuertemente influenciado por modelos psicodinámicos y test proyectivos, como el Rorschach o el TAT, utilizados de manera exploratoria para comprender la personalidad del imputado o del interno penitenciario. No existía aún una formación especializada ni protocolos metodológicos claros, y el psicólogo solía desempeñar un rol secundario frente al psiquiatra o al personal médico. Aun así, este periodo es fundamental porque marca el inicio del reconocimiento del valor psicológico en el estudio de conductas delictivas.

Durante las décadas de 1960 y 1970, el Instituto Nacional Penitenciario (INPE) incorporó psicólogos para trabajar en la clasificación de internos, lo cual impulsó parcialmente el interés por la comprensión psicológica del comportamiento criminal. Aunque estas intervenciones aún estaban lejos de constituir una práctica forense moderna, abrieron el camino hacia una presencia más estable del psicólogo en el aparato estatal.


La transición hacia una disciplina propia: institucionalización en los años 80 y 90

La verdadera transición hacia una psicología forense con identidad comenzó entre las décadas de 1980 y 1990. En ese tiempo, el crecimiento de universidades y programas de psicología en el país permitió formar profesionales con mayor preparación y abrió discusiones sobre la necesidad de especialización. Paralelamente, el sistema judicial peruano enfrentaba un aumento significativo de delitos, en especial aquellos relacionados con violencia familiar, violaciones, terrorismo y problemas de salud mental en imputados.

En respuesta a estas necesidades, diversas instituciones públicas comenzaron a contratar psicólogos para funciones más específicas. El Ministerio Público, por ejemplo, incorporó psicólogos como parte de sus equipos multidisciplinarios, aunque sin un marco normativo especializado. En estos primeros años, los peritajes psicológicos eran mayoritariamente informes clínicos adaptados a objetivos judiciales, sin una metodología propiamente forense. A pesar de ello, la participación del psicólogo comenzó a ganar relevancia en procesos judiciales, especialmente cuando se debían analizar testimonios de niños, mujeres o personas en condiciones vulnerables.

La década de 1990 también trajo consigo un aumento del interés académico por la psicología jurídica y la criminología, estimulando la aparición de cursos, seminarios y diplomados que introducían conceptos básicos de la evaluación forense y la psicología del testimonio. Fue una etapa de transición en la que la disciplina aún buscaba definirse, pero ya mostraba señales claras de consolidación futura.


El nuevo siglo: fortalecimiento normativo y expansión institucional (2000–2010)

Con el inicio del siglo XXI, la psicología forense peruana ingresó en una etapa de expansión significativa. Varias reformas legales y decisiones institucionales consolidaron el rol del psicólogo como actor clave en procesos judiciales. La promulgación de leyes para la protección de víctimas de violencia familiar, la implementación del Código de los Niños y Adolescentes, y luego de la Ley 30364 en 2015 (que protege a las víctimas de violencia contra la mujer y los integrantes del grupo familiar) exigieron evaluaciones psicológicas especializadas que permitieran determinar afectación emocional, daño psicológico y valoración de riesgo.

Durante estos años, el Ministerio Público, el Poder Judicial, los CEM y las Unidades de Protección Especial comenzaron a fortalecer sus equipos con psicólogos forenses. Este periodo marcó también la irrupción de la entrevista única en Cámara Gesell, un cambio trascendental para la forma en que se recoge el testimonio de menores víctimas de delitos sexuales. Con ello, la psicología forense dejó de ser un área improvisada para convertirse en un componente estructural del sistema judicial.

Sin embargo, a pesar de este avance institucional, el país aún enfrentaba un vacío: la ausencia de un estándar metodológico nacional. Los psicólogos seguían utilizando diversas técnicas y enfoques, algunos de ellos clínicos y no forenses, lo que generaba heterogeneidad en los informes y dificultades en la valoración judicial. Estos problemas impulsaron, años después, la necesidad de protocolos especializados y formación más rigurosa.


La consolidación moderna: profesionalización, protocolos y un enfoque centrado en evidencia (2010–actualidad)

Durante la última década, la psicología forense peruana ha experimentado un proceso acelerado de profesionalización. La creación de protocolos de Cámara Gesell, la incorporación sistemática de entrevistas estructuradas basadas en modelos como NICHD y APSAC, y la exigencia de que los psicólogos forenses tengan formación específica han elevado el nivel técnico del campo.

La transición desde informes clínicos generales hacia informes forenses estructurados ha sido uno de los avances más significativos. Hoy, el psicólogo forense en el Perú es responsable de realizar evaluaciones detalladas que integran métodos psicométricos, análisis de consistencia narrativa, indicadores de credibilidad y criterios técnicos internacionalmente validados para evitar sugestión y sesgos interpretativos.

El auge de diplomados, maestrías y centros especializados también ha contribuido a mejorar la calidad del ejercicio profesional. Los debates contemporáneos incluyen la necesidad de estandarizar metodologías, mejorar la formación continua, fortalecer la ética forense y delimitar adecuadamente el rol del psicólogo frente a fiscales y jueces. Estos avances evidencian que la disciplina se encuentra en una etapa de maduración, aunque aún enfrenta desafíos estructurales importantes.


Desafíos contemporáneos y oportunidades de desarrollo

La psicología forense peruana actual se enfrenta a tensiones complejas. La carga laboral excesiva en fiscalías y CEM, la insuficiente capacitación en algunas regiones y la persistente confusión entre roles clínicos y forenses siguen siendo obstáculos relevantes. La presión de operadores jurídicos para obtener conclusiones que exceden las competencias profesionales también constituye un reto ético que requiere fortalecimiento institucional.

Al mismo tiempo, el país tiene la oportunidad de consolidar una psicología forense más rigurosa mediante protocolos unificados, mayor inversión en capacitación, supervisión sistemática de casos, desarrollo de instrumentos psicométricos culturalmente adaptados y articulación entre academia e instituciones judiciales. El futuro de la disciplina dependerá de la capacidad de los profesionales para sostener una práctica basada en evidencia, ética, precisión técnica y defensa de la neutralidad pericial.


Conclusión

La historia de la psicología forense peruana es un reflejo del desarrollo del propio sistema judicial y de la necesidad creciente de comprender científicamente la conducta humana en contextos legales. Desde sus orígenes clínicos hasta la sofisticación metodológica actual, la disciplina ha recorrido un camino de consolidación progresiva, marcado por avances institucionales, reformas legales, incorporación de protocolos modernos y profesionalización del psicólogo forense.

A pesar de los desafíos que persisten, el panorama actual muestra una disciplina en expansión, más articulada, más rigurosa y con un papel central en la protección de víctimas y en la administración de justicia. Su historia es, en realidad, una invitación permanente a seguir construyendo una psicología forense peruana más sólida, ética y basada en evidencia científica.


Bibliografía

  • Ministerio Público del Perú (2022). Lineamientos para la entrevista única en Cámara Gesell.
  • Ramos, M. (2020). Evaluación psicológica forense en Latinoamérica. Ediciones Jurídicas.
  • Melendres, L. (2018). Peritaje psicológico en el sistema judicial peruano. Fondo Editorial PUCP.
  • Soria, J. (2019). Psicología forense aplicada al testimonio infantil. Editorial Bruño.
  • American Psychological Association. (2015). Evaluación psicológica en contextos legales (versión en español).
  • INPE. (2005). Historia del sistema penitenciario y equipos multidisciplinarios en el Perú.

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