

Datos del Autor: Ps. Paolo Antonio Castillo Mendizábal (C.Ps.C. N°62446, ORCID ID: 0009-0003-1104-7058) Psicólogo peruano especializado en psicología criminal y clínica, con una destacada trayectoria académica. Contacto: +51962707026. CV del Autor
La credibilidad del testimonio infantil ocupa un lugar central en los procesos judiciales relacionados con abuso sexual y violencia hacia menores. En el Perú, gran parte de la decisión judicial se apoya en la entrevista forense, usualmente realizada en Cámara Gesell, bajo la premisa de que esta técnica permite obtener un relato confiable, espontáneo y no contaminado. Sin embargo, la psicología del desarrollo y la investigación científica sobre memoria infantil cuestionan profundamente esta premisa.
Los niños no recuerdan como los adultos. Su memoria es más fragmentada, emocionalmente influenciable, vulnerable a la sugestión y altamente dependiente del contexto. Por ello, es legítima la pregunta: ¿puede la memoria infantil resistir el estrés del testimonio forense sin perder su validez? Y si no puede, ¿estamos exigiendo a los menores algo que su desarrollo cognitivo aún no les permite hacer?
Este artículo examina críticamente las limitaciones de la memoria infantil en escenarios forenses, mostrando cómo el estrés, el trauma, la presión institucional y las técnicas de entrevista pueden generar distorsiones, omisiones o incluso falsos recuerdos. Asimismo, discute las falencias del sistema peruano, el mito institucional de la “memoria pura” y los riesgos de convertir el testimonio infantil en la única prueba determinante en procesos complejos.
1. La naturaleza de la memoria infantil: un sistema reconstructivo y vulnerable
Para comprender las limitaciones del testimonio infantil, es indispensable entender cómo funciona la memoria en los niños. A diferencia de lo que suele suponer el sistema judicial, la memoria no es un registro exacto de los hechos vividos. Es un proceso reconstructivo que combina:
- percepción,
- emoción,
- lenguaje,
- contexto,
- expectativas,
- influencias externas,
- y esquemas mentales.
En los menores, este proceso es aún más inmaduro. La corteza prefrontal, responsable del razonamiento, la organización narrativa y la inhibición de información irrelevante, está en desarrollo constante hasta la adolescencia. Esto los hace:
- menos capaces de diferenciar fantasía de realidad,
- altamente dependientes de preguntas externas,
- más influenciables emocionalmente,
- vulnerables a la presión de agradar al adulto,
- más susceptibles a confundir fuentes de información.
La psicología del desarrollo sostiene que los niños no recuerdan todo, no recuerdan igual y no recuerdan siempre de manera estable. Sin embargo, el sistema judicial suele tratarlos como si poseyeran una memoria estática, precisa y resistente.
2. El estrés como factor disruptivo del recuerdo
El testimonio forense coloca al niño en un escenario emocional complejo: está hablando de un suceso traumático, frente a un adulto desconocido, en un entorno institucional y bajo presión.
El estrés activa el sistema neurobiológico de supervivencia, liberando cortisol y adrenalina. En niveles moderados, estas hormonas pueden facilitar la consolidación del recuerdo; en niveles altos, como ocurre en el trauma, bloquean la capacidad de narrar coherentemente, inhiben detalles y fragmentan la memoria.
Los niños sometidos a estrés durante la entrevista pueden:
- olvidar información clave,
- confundir secuencias,
- mezclar emociones con hechos,
- omitir detalles traumáticos para protegerse,
- cambiar su versión buscando aprobación,
- bloquear recuerdos por disociación.
El sistema, sin embargo, interpreta estas variaciones como “inconsistencias” o “falta de credibilidad”, sin considerar que son procesos normales en menores bajo estrés.
3. La sugestibilidad infantil: el riesgo más documentado
La literatura científica es clara: los niños son altamente sugestionables. Esto significa que:
- una pregunta mal formulada,
- un gesto del entrevistador,
- una hipótesis previa,
- un comentario familiar,
- una intervención policial previa,
- una conversación con otro adulto
pueden modificar su recuerdo o generar uno nuevo.
Las preguntas cerradas, inducidas, repetitivas o presuposicionales son las principales generadoras de contaminación del testimonio. Por ejemplo:
- “¿Él te tocó ahí, verdad?”
- “¿Qué hizo después de pegarte?”
- “¿Y cuando te llevó a su cuarto, qué pasó?”
- “¿Tu tío siempre te hace eso?”
Estas preguntas no solo sugieren respuestas, sino que alteran la reconstrucción del recuerdo. En menores pequeños, incluso una pregunta neutra puede generar un recuerdo falso si el niño interpreta que el adulto espera determinada respuesta.
4. Trauma y memoria: ¿qué recuerda realmente un niño?
El trauma no se almacena como un relato continuo. El cerebro infantil puede:
- almacenar imágenes fragmentadas,
- recordar sensaciones corporales,
- no recordar órdenes temporales,
- confundir identidad de agresores,
- mezclar eventos similares,
- omitir detalles para protegerse emocionalmente.
El sistema judicial, sin embargo, busca:
- coherencia,
- secuencia temporal,
- detalle,
- estabilidad narrativa,
- capacidad de identificar al agresor.
Estas expectativas no siempre se ajustan al funcionamiento de la memoria infantil. Pretender que un niño narre como un adulto es desconocer la evidencia científica.
5. La falla de origen: creer que la Cámara Gesell garantiza validez
En el Perú se ha consolidado la idea de que la Cámara Gesell “purifica” el testimonio infantil.
Sin embargo:
- la arquitectura no garantiza neutralidad,
- el vidrio no elimina sesgos,
- el registro audiovisual no muestra la influencia emocional,
- el entrevistador no siempre tiene formación especializada.
Muchos entrevistadores, sin mala intención, aplican técnicas incorrectas:
- preguntas múltiples,
- preguntas cerradas,
- refuerzo positivo a ciertas respuestas,
- falta de exploración alternativa,
- omisión de hipótesis excluyentes,
- interpretación subjetiva del lenguaje infantil.
El resultado es un testimonio contaminado pero institucionalmente validado.
6. El mito del “recuerdo puro”: una ficción peligrosa
El sistema judicial suele asumir que cuando un niño narra un hecho traumático en Cámara Gesell:
- recuerda tal cual sucedió,
- su memoria no cambia con el tiempo,
- los detalles omitidos o agregados son señales de mentira.
La ciencia demuestra lo contrario:
- la memoria cambia,
- la omisión es un mecanismo de defensa,
- la adición puede ser reconstrucción natural,
- el relato infantil no es lineal,
- el tiempo altera el recuerdo,
- el estrés bloquea información.
Tratar la memoria infantil como un documento estático es cometer un error epistemológico grave.
7. El efecto del tiempo: testimonios tardíos y memoria vulnerable
Cuando el testimonio se toma semanas, meses o incluso años después del presunto abuso, surgen nuevas limitaciones:
- mayor reconstrucción de memoria,
- interferencia de conversaciones familiares,
- internalización de narrativas externas,
- confusión de experiencias,
- mezcla de recuerdos y fantasías.
Esto no significa que el niño mienta, sino que su memoria opera conforme a su desarrollo cognitivo y emocional.
8. Limitaciones propias del sistema peruano
La realidad institucional peruana amplifica las limitaciones de la memoria infantil:
- falta de entrevistadores certificados,
- ausencia de supervisión técnica,
- protocolos interpretados de manera rígida o incorrecta,
- entrevistas aceleradas por carga procesal,
- presión del fiscal sobre el entrevistador,
- falta de peritos de parte,
- interferencia policial previa,
- entrevistas repetidas antes de llegar a Cámara Gesell.
Cada una de estas variables afecta la validez del testimonio.
9. ¿Qué puede hacer la psicología forense para no vulnerar la memoria infantil?
Para reducir el riesgo de distorsión, la psicología del testimonio recomienda:
- entrevistas no sugestivas,
- preguntas abiertas,
- permitir la narrativa libre,
- considerar el nivel evolutivo,
- no interpretar emociones como indicadores de verdad,
- evitar repetición innecesaria,
- explorar hipótesis alternativas,
- analizar factores de contaminación.
El entrevistador debe actuar como un facilitador neutral, no como un buscador de confirmación.
10. ¿Puede entonces la memoria infantil resistir el estrés del testimonio?
La respuesta honesta es: en parte sí, en parte no.
Depende de:
- la edad,
- el desarrollo cognitivo,
- la capacitación del entrevistador,
- el nivel de trauma,
- el tipo de preguntas,
- la presión institucional,
- la cantidad de entrevistas previas,
- el tiempo transcurrido,
- el estado emocional del menor.
No existe una regla universal.
Lo que sí es universal es que la memoria infantil es vulnerable y necesita protección técnica real, no solo protección arquitectónica.
Conclusión
El testimonio infantil constituye una herramienta valiosa, pero no infalible. La memoria de un niño no puede ser tratada como un registro exacto, ni puede exigírsele resistir el estrés forense sin considerar sus limitaciones neuropsicológicas. La justicia peruana necesita comprender que la Cámara Gesell no garantiza la pureza del recuerdo: solo un abordaje técnico, ético y supervisado puede acercarnos a un relato fiable.
En un sistema donde el testimonio suele ser la única prueba, reconocer estas limitaciones es una obligación moral y jurídica. No hacerlo implica el riesgo de decisiones injustas —ya sea por condenar sin certeza o por absolver sin haber realizado una evaluación adecuada—.
Comprender cómo funciona la memoria infantil no solo permite proteger a la víctima: permite proteger la justicia misma.
Bibliografía
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- Poole, D. & Lamb, M. (1998). Investigative Interviews of Children.
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- Ministerio Público del Perú – Lineamientos de Entrevista Única.
- APSAC Handbook of Child Maltreatment.
- Kulkofsky, S. (2015). Memory Development in Children.
