

Datos del Autor: Ps. Paolo Antonio Castillo Mendizábal (C.Ps.C. N°62446, ORCID ID: 0009-0003-1104-7058) Psicólogo peruano especializado en psicología criminal y clínica, con una destacada trayectoria académica. Contacto: +51962707026. CV del Autor
En el Perú, la historia política reciente parece un guion repetitivo: elegimos líderes que prometen renovación, justicia, lucha contra la corrupción o transformación radical, pero que terminan traicionando la confianza pública. El círculo es constante: esperanza → desilusión → indignación → nueva esperanza. Y en ese ciclo, aparecen figuras con rasgos narcisistas altamente visibles, capaces de seducir a la población con discursos potentes, gestos de seguridad y una aparente fortaleza moral que, en el fondo, es un espejismo psicológico.
¿Por qué el electorado peruano elige una y otra vez a personas que muestran señales de narcisismo político? ¿Qué ocurre en la mente del votante? ¿Qué características de la cultura peruana facilitan este patrón? Y, aún más importante, ¿qué consecuencias tiene para la gobernabilidad y la salud institucional del país?
Este artículo aborda el fenómeno desde la psicología política, la criminología, la psicología del poder y la dinámica colectiva del electorado peruano. No se trata de un análisis moral, sino de un estudio técnico sobre personalidades narcisistas en posiciones de poder y sobre los mecanismos psicológicos y socioculturales que llevan a un país a otorgarles legitimidad una y otra vez.
1. Narcisismo político: un perfil psicológico con gran atractivo electoral
El narcisismo, visto desde la psicología de la personalidad, implica:
- sensación grandiosa de importancia,
- necesidad intensa de admiración,
- fantasías de éxito ilimitado,
- creencia en su propia excepcionalidad,
- poca empatía,
- necesidad de controlar,
- sensibilidad extrema a la crítica.
Aunque estos rasgos suelen percibirse negativamente, en el ámbito político pueden resultar seductores. El narcisista político:
- habla con seguridad,
- proyecta fortaleza,
- promete grandes soluciones,
- encarna la figura del “salvador”,
- conecta con la frustración ciudadana,
- ofrece identidad, propósito y esperanza.
En una sociedad en crisis, la seguridad del narcisista parece liderazgo; su arrogancia parece determinación; su grandiosidad parece visión.
El problema aparece después: el narcisismo es una máscara. Debajo no hay fortaleza, sino fragilidad emocional, búsqueda de validación constante, impulsividad y dificultad para gobernar con criterios racionales.
2. El narcisista como “salvador” nacional: por qué seduce al electorado peruano
La psicología colectiva peruana ha sido moldeada por:
- frustración histórica,
- crisis económica repetida,
- desconfianza hacia instituciones,
- precariedad social,
- trauma político continuo,
- anhelos de cambio abrupto.
En este contexto, el votante busca un “héroe”.
El narcisista se presenta como uno.
2.1. Necesidad de esperanza rápida
El narcisista promete soluciones inmediatas.
El elector desgastado no quiere procesos largos; quiere alivio emocional.
2.2. Estilo comunicacional carismático
El narcisista domina escenarios, discursos y gestos.
Confunde al público entre seguridad real y sobreactuada.
2.3. Rechazo al establishment
El narcisista se muestra rebelde, disruptivo, “distinto”.
En un país que desconfía del “sistema”, esto es atractivo.
2.4. Proyección psicológica
El votante proyecta en el líder sus propios deseos de poder, justicia o venganza.
El narcisista encarna el deseo colectivo de un “nuevo comienzo”, aunque él mismo no esté psicológicamente capacitado para liderarlo.
3. ¿Por qué terminan traicionando? El colapso inevitable del narcisismo político
La psicología del narcisismo explica por qué estos líderes fallan.
3.1. Incapacidad para manejar la crítica
El narcisista interpreta la crítica como ataque personal.
Esto lo lleva a:
- conflictos con la prensa,
- ataques contra instituciones,
- persecución de opositores,
- decisiones impulsivas.
3.2. Falta de empatía
No prioriza el bienestar ciudadano; prioriza su imagen y su poder.
3.3. Decisiones basadas en ego y no en evidencia
Tienden a:
- improvisar políticas,
- tomar decisiones erráticas,
- rechazar asesoría técnica.
3.4. Necesidad patológica de control
Intentan capturar instituciones —Congreso, Fiscalía, medios— para sostener su ego.
3.5. Sensibilidad extrema al rechazo
Cuando sienten pérdida de popularidad, actúan con impulsividad o desesperación, generando caos político.
3.6. Corrupción como extensión del privilegio
Muchos creen que merecen recursos del Estado porque se consideran “excepcionales”.
Por eso, la caída del narcisista es inevitable: su estructura emocional interna es incompatible con la estabilidad democrática.
4. La culpa no es solo del líder: la psicodinámica del electorado peruano
El Perú no solo elige narcisistas: los necesita.
4.1. Trauma histórico y búsqueda de autoridad fuerte
Sociedades traumatizadas por violencia, dictaduras y pobreza buscan figuras de autoridad que transmitan seguridad emocional.
4.2. Cultura de dependencia del líder
Muchos votantes buscan un “padre político” que asuma responsabilidades en su lugar.
4.3. Aprendizaje social de la corrupción
Si todos los líderes traicionan, la traición se vuelve parte de las expectativas del votante.
4.4. Desesperanza política
La baja confianza en instituciones lleva a apostar por figuras extremas.
4.5. Identidad colectiva fragmentada
Un país sin proyecto nacional compartido se refugia en líderes carismáticos que ofrecen sentido.
El narcisista promete aquello que el electorado teme no encontrar en sí mismo.
5. Narcisismo político y corrupción: una alianza peligrosa
El narcisista tiene tres vulnerabilidades criminológicas:
- Cree que merece privilegios.
- Minimiza el daño que causa.
- Piensa que nunca será atrapado.
Estos factores lo hacen especialmente propenso a la corrupción.
En el contexto peruano, donde la impunidad es alta, el riesgo se multiplica.
Muchos líderes narcisistas:
- se rodean de aduladores,
- rechazan voces críticas,
- utilizan recursos del Estado para fines personales,
- manipulan narrativas,
- justifican sus actos con discursos épicos,
- caen en redes de lobistas o grupos de poder.
El narcisista en el poder no busca servir: busca confirmarse a sí mismo.
6. Prensa, redes y narcisismo: la tormenta perfecta
Las redes sociales intensifican el narcisismo político.
Un líder puede:
- inflar su ego con likes,
- atacar opositores,
- crear enemigos imaginarios,
- manipular percepciones.
Los algoritmos premian el discurso emocional, polarizante, confrontacional.
Exactamente el terreno donde el narcisista prospera.
7. La institucionalidad peruana: débil ante líderes narcisistas
Un país con instituciones frágiles es presa fácil:
- partidos inexistentes o cascarones,
- justicia politizada,
- Congreso fragmentado,
- contrapesos débiles,
- prensa vulnerable económicamente.
El narcisista requiere un Estado débil para prosperar.
El Perú, lamentablemente, ofrece ese escenario.
8. ¿Es posible romper el ciclo? Una mirada desde la psicología política
Sí, pero requiere cambios estructurales:
1. Educación cívica y crítica emocional del votante
Aprender a identificar rasgos narcisistas en candidatos.
2. Fortalecer partidos políticos reales
Organización y preparación reducen el riesgo de líderes improvisados.
3. Prensa independiente y especializada en análisis psicológico-político
No solo reportar hechos, sino interpretar conductas.
4. Evaluación psicológica de aspirantes a cargos de alto poder
En varios países se discute seriamente.
5. Ciudadanía emocionalmente más madura
Menos necesidad de salvadores; más capacidad de exigir instituciones.
Si no cambia el electorado, no cambiarán los líderes.
Conclusión
El narcisismo político en el Perú no es un accidente: es el resultado de un vínculo psicológico profundo entre líderes y ciudadanos. Elegimos figuras grandiosas porque nos brindan ilusión de control, esperanza y fortaleza en medio de la precariedad institucional. Pero estas figuras, por estructura emocional, terminan traicionando, improvisando, manipulando y destruyendo aquello que prometieron salvar.
El problema no es solo el narcisista en el poder:
el problema es la sociedad que confunde narcisismo con liderazgo.
Mientras sigamos buscando salvadores, seguiremos encontrando traidores.
El cambio no empieza en Palacio ni en el Congreso: empieza en nuestra capacidad colectiva de dejar atrás la fascinación por líderes grandiosos que, inevitablemente, caen bajo el peso de su propio ego.
Bibliografía
- Post, J. (2015). Narcissism and Politics.
- Malkin, C. (2016). The Narcissist Next Door.
- Owen, D. (2018). The Hubris Syndrome in Political Leaders.
- Zimbardo, P. (2007). The Lucifer Effect.
- Fromm, E. (1965). The Heart of Man.
- Lipset, S. (1996). Political Man.
- Investigaciones sobre psicología del liderazgo y populismo en América Latina.
- Reportes de Latinobarómetro sobre confianza institucional en Perú.
