

Datos del Autor: Ps. Paolo Antonio Castillo Mendizábal (C.Ps.C. N°62446, ORCID ID: 0009-0003-1104-7058) Psicólogo peruano especializado en psicología criminal y forense, con una destacada trayectoria académica. Contacto: +51962707026. CV del Autor
En la práctica forense, hay un momento decisivo que marca la diferencia entre haber elaborado un buen informe y haber realizado un verdadero acto pericial: la defensa oral del informe psicológico ante terceros. No importa cuán técnicamente sólido sea el documento escrito si el perito no logra sostenerlo con claridad, seguridad y coherencia frente a preguntas adversariales, objeciones o intentos de desacreditación.
Los nervios en este contexto no son un fenómeno anecdótico. Son una experiencia recurrente incluso en profesionales con años de ejercicio. La sala de audiencias, la mirada del juez, la estrategia del fiscal o del abogado defensor, y la conciencia de que cada palabra puede ser utilizada a favor o en contra del informe, generan una activación emocional intensa.
Este artículo no aborda el nerviosismo desde una mirada clínica ni emocionalizante, sino desde una perspectiva forense-profesional: por qué ocurre, qué revela sobre la formación del perito, cómo impacta en la valoración probatoria y qué elementos diferencian a un perito técnicamente competente de uno verdaderamente preparado para la defensa.
El nerviosismo no es debilidad: es exposición profesional real
Defender un informe psicológico forense no es “explicar lo que ya está escrito”. Es someter el propio criterio técnico al escrutinio del sistema de justicia. En ese acto, el perito no solo expone conclusiones: expone su razonamiento, su metodología, su coherencia interna y su comprensión del rol pericial.
El nerviosismo aparece porque el escenario es objetivamente demandante. No se trata de una exposición académica ni de una supervisión clínica. Se trata de un espacio adversarial donde otros operadores buscan detectar inconsistencias, vacíos, inferencias no sustentadas o errores conceptuales.
Desde esta perspectiva, sentir nervios no es señal de incompetencia. Es señal de que el profesional comprende el peso jurídico de su intervención. El problema no es sentir nervios, sino no haber sido formado para gestionarlos dentro del rol pericial.
La diferencia entre saber psicología y saber ser perito
Uno de los errores más frecuentes en la formación forense es asumir que un buen psicólogo clínico o evaluador será automáticamente un buen perito. La experiencia demuestra lo contrario.
La defensa del informe exige competencias específicas que no se adquieren en la formación clínica tradicional:
- Capacidad de responder de forma precisa sin sobreexplicar
- Dominio del lenguaje técnico-jurídico
- Claridad en la delimitación del alcance del informe
- Comprensión de la lógica probatoria
- Manejo de preguntas sugestivas, capciosas o tendenciosas
Cuando estas competencias no están consolidadas, el nerviosismo se incrementa. El perito duda, se extiende innecesariamente, corrige respuestas sobre la marcha o intenta “convencer” en lugar de sustentar técnicamente.
Aquí el nerviosismo no es el problema central, sino el síntoma de una formación incompleta en práctica forense real.
El impacto del nerviosismo en la credibilidad pericial
En el ámbito judicial, la credibilidad no se construye solo con títulos o experiencia declarada. Se construye en la forma en que el perito:
- Responde
- Se mantiene dentro del objeto pericial
- Reconoce límites sin debilitar el informe
- Sostiene conclusiones sin rigidez ni evasión
Un perito visiblemente desbordado puede transmitir inseguridad, incluso cuando su informe es técnicamente correcto. Esto no es justo, pero es real. El sistema de justicia valora la consistencia discursiva como indicador de confiabilidad.
Por ello, la defensa oral no es un trámite accesorio: es parte constitutiva del acto pericial. Un informe mal defendido puede perder fuerza probatoria. Uno bien defendido puede sostenerse incluso frente a cuestionamientos intensos.
El miedo a “equivocarse” y la lógica del error forense
Muchos peritos enfrentan la defensa del informe con un temor silencioso: decir algo incorrecto, impreciso o que pueda ser usado en su contra. Este miedo suele paralizar o rigidizar el discurso.
Es importante comprender algo clave: la defensa pericial no exige omnisciencia. Exige claridad, honestidad técnica y delimitación precisa del alcance del informe. Un perito sólido no es el que “responde todo”, sino el que sabe qué sí y qué no corresponde responder desde su rol.
Paradójicamente, intentar cubrir todo por miedo a quedar mal suele generar más errores que reconocer límites con precisión profesional.
La sala no es un espacio terapéutico ni académico
Otro factor que incrementa los nervios es la confusión de encuadre. Algunos profesionales ingresan a la sala con un registro más cercano a la explicación clínica o a la exposición académica. Esto genera fricciones inmediatas.
La sala de audiencias opera con tiempos, intereses y lógicas distintas. El lenguaje debe ser técnico pero funcional, claro pero riguroso, preciso pero no defensivo. Aprender a moverse en ese registro requiere entrenamiento específico.
Cuando el perito no ha sido expuesto previamente a simulaciones reales de defensa, la primera experiencia suele vivirse como abrumadora. El cuerpo reacciona antes de que el pensamiento logre organizarse.
Profesionalizar la defensa: del informe escrito al acto pericial completo
Superar el nerviosismo no implica “relajarse” ni “tener más confianza” de manera abstracta. Implica profesionalizar la defensa del informe como una competencia técnica más.
Esto incluye:
- Conocer los tipos de preguntas frecuentes y su intención
- Entrenar respuestas breves, técnicas y delimitadas
- Aprender a sostener el razonamiento sin entrar en confrontación
- Diferenciar ataque personal de cuestionamiento técnico
- Comprender el rol del perito dentro de la estrategia procesal
Cuando estas habilidades se entrenan, el nerviosismo disminuye no porque desaparezca la tensión, sino porque el perito recupera sensación de control profesional.
Cierre: el nerviosismo como indicador de crecimiento profesional
En lugar de ver los nervios como un defecto, es más útil entenderlos como un indicador: señalan que el perito está en un punto de crecimiento, transitando del rol técnico-escrito al rol pericial integral.
La verdadera madurez forense no consiste en no sentir presión, sino en saber operar con criterio bajo presión. Eso no se improvisa. Se forma, se entrena y se supervisa.
Defender un informe no es un acto accesorio. Es parte del compromiso ético y profesional con el sistema de justicia.
Si este tema resuena con tu experiencia profesional, es porque la práctica forense real plantea desafíos que no siempre se abordan en la formación tradicional. La defensa del informe psicológico es una competencia clave que requiere entrenamiento específico, análisis de casos reales y comprensión profunda del rol pericial.
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Excelente. El área forense es una subespecialidad. Se puede ser buen clínico y el desconocimiento del área forense conlleva a que el informe y el sustento de este deja de ser útil para el operativo de justicia .
El punto es que mi pais, los profesionales , organos de prueba del Ministerio Público no acreditan como forenses, son aceptados como clínicos, en el 70% de casos no acreditan, a la hora de la sustentación pericial se deja ver, y por otro lado , la pregunta que siempre realizan es si uno esta creditado como forense, lo que es una subespecialidad. Muy interesante lo que han señalado. Gracias